Aquí va algo que sorprende a mucha gente: la mayoría de las microrrayas de un coche no salen al lavarlo, sino al secarlo. Frotar la carrocería con el trapo equivocado, o cuando aún tiene restos de polvo, deja marcas finas que con el tiempo apagan el brillo. La buena noticia es que evitarlo es sencillo.

El problema de secar mal

Cuando pasas un paño por una superficie que todavía tiene partículas de suciedad, esas partículas actúan como lija en miniatura. No lo ves el primer día, pero a base de repetirlo la pintura pierde profundidad. Por eso lo primero es secar solo sobre una superficie ya limpia.

El secado del túnel juega a tu favor

El secado por aire de un túnel de lavado es de lo mejor que le puedes dar a la pintura: no toca la carrocería, así que no hay fricción y no puede rayar. Sopla el agua a presión y la retira sin contacto. Si tu plan incluye secado premium, aprovéchalo y sal directo sin pasar el trapo.

Si secas a mano, hazlo bien

A veces queda alguna gota, sobre todo en espejos y molduras. Para esos remates:

El detalle que más se nota

Un coche bien secado brilla distinto: sin cercos de gotas ni marcas al sol. Es el último paso y el que más se aprecia. Si dejas que el aire del túnel haga el trabajo y solo rematas con microfibra donde haga falta, tu pintura te lo agradecerá durante años.